En culturas occidentales, por el corto tiempo para realizar nuestras actividades, comemos en exceso y demasiado rápido, alimentándonos con productos artificiales.

 

Con altos porcentajes de aditivos, conservantes y saborizantes, procesos de concentración y deshidratación, afectan los hábitos alimenticios y pueden perjudicar la salud.

Los alimentos son el combustible que el cuerpo necesita para obtener la energía que demandan las actividades de la vida diaria. Las dietas o alimentos altos en carbohidratos y bajos en antioxidantes, con desequilibrios del pH y Omega 3, deficientes en nutrientes y vitaminas, tienen efectos negativos para el cuerpo y la mente y pueden ocasionar dificultad para concentrarse, depresión, estrés y fatiga.

El ser humano es un sistema de energía, muchas enfermedades o alteraciones de las funciones naturales son reversibles, gracias al poder de autocuración o “curación natural” del cuerpo, que alcanza su funcionamiento óptimo cuando recibe una alimentación apropiada.

Alimentación biológica

La alimentación o nutrición biológica busca mantener la salud y el equilibrio de una forma natural, basada en una adecuada asimilación de los alimentos.

Este tipo de nutrición se encuentra en la naturaleza y es el método más sencillo para desintoxicar el cuerpo, limpiar el aparato digestivo y la sangre, y mejorar las funciones orgánicas. El consumo de verduras, frutas, semillas, grasas vegetales, productos naturales y la disminución de carnes rojas y embutidos son hábitos claves para mejorar la salud.

Alimentos buenos para la salud

Papaya: rica en fibra, betacarotenos y enzimas proteolíticas (ayudan a digerir las proteínas de los alimentos). Ofrece beneficios digestivos y evita la gastritis.

Arándanos: ricos en vitamina C, fibra, potasio, hierro y calcio. Poseen propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y gastroprotectoras.

Almendras: ricas en vitaminas del complejo B, vitamina E, zinc, hierro, calcio y potasio. Benefician los sistemas nervioso, circulatorio y digestivo.

Semillas de sésamo: ricas en proteínas, fibra, metionina (aminoácido esencial), calcio, hierro y zinc. Contienen grasas insaturadas que junto a la lecitina y los fitoesteroles, reducen los niveles de colesterol.

Brócoli: rico en vitamina A, D, C, ácido fólico, hierro y potasio. Hace parte de los denominados súper alimentos por sus propiedades nutritivas y antioxidantes.

Quinoa: rica en aminoácidos como lisina, arginina, metionina, importantes para el desarrollo del cerebro y el crecimiento de los niños.

Alcachofa: rica en vitaminas B1 y B3, y en minerales como sodio, potasio y fósforo. Tiene propiedades diuréticas y contribuye al metabolismo de los alimentos.

Pescados de mar y salmón: ricos en proteínas, ácidos grasos esenciales (Omega 3) y minerales como yodo, fósforo y zinc. Ofrece beneficios para el sistema circulatorio.

Pollo orgánico: rico en proteínas, ácidos grasos y vitaminas B6, B2 y B9. Fuente de energía